08 Março 2009

VAGANDO EN PENA

Mark Ryden - Ghost girl

Ella vagaba siempre solitaria.
Le encantaba observar.

Rápidamente podía percibir casi todo y, a pesar de su anonimato indeleble, solía intuir los disfraces de los demás. Pues sí… Los otros siempre estaban de más.

Por el hecho de sentirse más antigua de lo normal, engrandecía en su interior la sensación inspiradora de estar en alguna dimensión superior. Quizá por eso, algo a su izquierda le recordaba la humildad como virtud imprescindible.

Y así, por los dos lados de la acera, vagaba siempre solitaria.
Iba en busca de vida. De vida se alimentaba.
Sobremesa, el sentido de las cosas.

En aquel día, sintió demasiada hambre y nostalgia.
La Luna, sin reflejar nada del Sol, inspiraba a los misterios en el cielo de Barcelona.
Desde hace tiempo, no sentía su cuerpo.
La carne no era física y sus deseos ya conocían millones de vías de escape que con el tiempo la fueran transformando.
Ella tenía hambre y echaba de menos la vida que aún no conocía.
¿En que mundo vivía hasta ahora?
¿Donde ha olvidado la estrella que le guía?

La noche se expandía cada vez más.
Como la música. Como la mente.
De repente… ¡Alas!
Al final ellas surgieron.
Caleidoscópicas y multicolores, combinaban con el cielo noir.
Escuchando la música de la ciudad mediterránea, se dejaba llevar por las ondas.
Subía, bajaba, rodaba y seguía.
Le gustaba vagar por allí.
Rondaba cada calle segura de que sus esperanzas y sus miedos, en cualquier momento, podrían desaparecer.
Como sólo estaba de paso, sentía que su condición era pasajera.

En la próxima esquina, Portal del Ángel.
Estaba a un paso de Arco de Triunfo.
¿Triunfaría al fin?
¿Cuándo toda ausencia de reflejo quedaría en el pasado?
Sabía esperar, pero ya no podía contenerse.
¿Cuándo tomaría cuerpo?
¿Cuándo estaría madura para encarnar sus sueños?
En el cielo, luminares en Tauro.
En la tierra, la innegable fuerza del tótem español.
¿Él tiempo sería ahora? ¿O nunca?

¡Pobre alma perdida!
Nadie se conmueve con sus lágrimas invisibles.
Y ella, con la delicadeza de un espíritu soñador, continuaba sintiendo con el corazón de los otros. Suspirando e inspirando.
Obviamente, no sabía ni el día D, ni la hora H, pero tenía noción del tiempo real.
De la verdad implícita.
Del sentido del bello.
De la hambre de vida y…

En el ir y venir rítmico del caos aparente, ella sentía la vibración de los tambores en algún Terreiro cerca de allí.
¿Habría llegado a Brasil?
¿Con o sin conexión?

Es así, donde los tambores son más fuertes manda él corazón.
Y si ella, aún estaba perdida, por lo menos podría aconsejar a las jóvenes criaturas que buscaban los mediadores del cielo en la tierra.
Ése era su trabajo cotidiano para el mundo espiritual.
Iba de sobrenatural.
Donaba conocimiento y esperaba la redención.
Mientras tanto, se divertía con la belleza de las cosas simples y tenía sueños de grandeza.

Esperando, vagaba siempre solitaria.
Es verdad que a veces volaba lejos.
Que siempre soñaba con la encarnación.
Quería un cuerpo con el tiempo marcado en la realidad.
Quería el reloj mortal de la carne, de la sangre y de la vida real.
Quería sobre todo que los mortales tuvieran consciencia de la inmortalidad.
Ella era un alma en pena.
Un ser que vaga.
Una entidad que perdió la propia edad.
Dicen algunos que en el ejercicio de la serenidad.


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