28 dezembro 2009

El Puer Aeternus y el Eterno Femenino

El termino Puer Aeternus, que viene de una deidad antigua llamada Yaco, representa una de las neurosis más discutidas en el trabajo de Jung. Personifica la niñez eterna, la identificación con el principio solar y celeste en detrimento de la conciencia de la tierra, de la realidad y de lo femenino.

Este “Dios” aunque nacido de la noche, anhela separarse de ella y llegar lo más alto posible, ya que representa el arquetipo del Redentor.

Su faceta brillante es creativa, espiritual y visionaria, mientras que su sombra esconde un sentimiento de inferioridad y la dificultad de asimilar la figura materna, es decir de superarla. En este mito, Sol y Luna, Cielo y Tierra formarán la paradoja básica que abarcará el Yo en su lucha por la madurez.

Jung dijo: “Solamente aquellos para los cuales la imagen de la vida es un viaje hacia la perfección, pueden verse derribados por su movimiento cíclico.”

La naturaleza con sus ciclos es la madre terrible del que ve la vida como un viaje hacia la perfección. Pero el aspecto héroe de nuestra personalidad, la tiene en el corazón, en el alma, o en algunos de esos sitios invisibles e infinitamente reales. En el cielo, en la tierra del más allá, todo es perfecto.

Desde el momento en que baja de su cielo y conoce la realidad de la tierra, él empieza a descubrir que no esta solo en este cuerpo, en este mundo. Hay otras fuerzas distintas y no tan ideales. Hay desafíos y demasiados monstruos que matar. Y la perfección... ¿Hasta donde no es más que una obsesión?

Hay gente a la que pareciera gustarle estar obsesionada. Hay otras que incluso no pueden vivir sin hacerlo. Es justo esta dependencia del habito lo perjudicial, y aquellos que estén demasiado conectados con su faceta héroe invencible, es decir, identificados o sobre-identificados con el complejo infantil del puer, podrán descubrirse obsesionados. O tal vez ni siquiera descubrirse.

Sin esta consciencia, mientras toda la verdad alrededor de él, es solamente la suya, la vida le estará señalando que hay algo más allá. Algo que en realidad es la propia realidad. La naturaleza se devora a si misma y nace y perece cada día. La noche devora al Sol y la consciencia, cada vez que la Luna llega para reinar en su momento.

Los ciclos de muerte y renacimiento siempre han sido el telón de fondo de todos los mitos de héroes solares. La visión freudiana y trágica ha elegido el mito de Edipo para ampliar la concepción del puer aeternus, pero hay muchos otros mitos, incluso más representativos del camino hacia la individuación. No hay que ser trágico, no hay que ser el hijo que ha enterrado su masculinidad en el vientre de la Gran Madre.

El destino del niño eterno es volverse un hombre maduro, pero el riesgo es volar tan cerca del Sol a punto de volverse ciego o entonces sí, morir de manera trágica.

La figura arquetipal complementaria al puer es el senex. El viejo Sabio, el Saturno de los astrólogos. Como Dios Cronos, conoce la ley del tiempo, el esfuerzo, el trabajo. El padre del mundo es el consejero y guía a la vez que también actúa como villano. Las lecciones en la realidad siempre son duras y ya se sabe que a los niños no les gusta hacer los deberes.
 
Otra figura que a mí me parece de gran importancia en la jornada del joven Ego es la Bruja, el arquetipo Lunar de las diosas oscuras. Ella puede aparecer como una vieja rara que necesita ayuda, como esfinge indescifrable e incluso como una sirena muy atrayente. Seguramente el femenino tiene cosas que enseñar a este joven y mientras más lo ignore, más aterradora será su cara.

Con estos personajes conocidos el niño percibe entonces que nunca estuvo sólo en su individualidad. Comprende que puede identificarse con otras realidades y más que mujeres amenazadoras o villanos opresores, habrá encontrado amigos.

El ego, el centro de la consciencia, una vez que no está más identificado con la figura arquetípica del puer, empieza a conocer sus límites humanos. Y aunque muchas veces sufra en el trayecto, el joven héroe necesita adquirir esta humildad, necesaria solo si su pretensión lo conduce al camino de la evolución, si al final su destino es evolucionar y fortificar su ser.

Aunque el senex sea el opuesto complementario del puer por antonomasia, y en consecuencia su “tratamiento”, muchas veces me planteo si lo femenino como principio universal, el Eterno Femenino, no sea aun más importante para la curación de la neurosis juvenil.

Jung decía que las dos consecuencias más comunes del complejo materno eran la homosexualidad y el donjuanismo. Dos comportamientos advenidos de problemas con la asimilación de lo femenino. Tal vez ahí se encuentre la razón por la cual ese síndrome sea tan extendido en la sociedad actual. Nuestro Zeitgeist es un festival de puerilidad y huidas de la realidad. El espíritu de la época es el escapismo, y el puer aeternus el “complejo de la moda”.

Lo que sucede es que tras la tragedia del cristianismo (“la serpiente de los siglos” en palabras del propio Jung) el femenino no encuentra su expresión total en la sociedad, con tantos de sus símbolos más potentes bajo la sombra colectiva del pecado, de la brujería. Se sabe que a las mujeres que mostraban una personalidad sobresaliente y que se apartaban de lo común, por lo general se las tachaba de brujas y se las aniquilaba.

Tras tantos años de represión de lo femenino natural y salvaje lo que encontramos es una sobrepoblación de hombres que lo temen absurdamente. Sabemos muy bien que algo relegado al inconsciente puede estar en silencio, pero nunca aniquilado. Lo más probable es que adquiera más fuerza y poder mientras espera en las tinieblas.

Como la antigua sabiduría se ha vuelto “maldición”, lo femenino arquetipal y original sigue sin encontrar demasiadas pantallas para proyectarse todavía y la sociedad como un todo reflejará este problema en su sombra colectiva.

Olaf Hajek

¿Y que ofrece una civilización tras la muerte de lo femenino?

El dialogo con esta fuerza se vuelve cada vez más difícil. Ya no se habla el lenguaje del útero. Se sabe que mucho más importante que el complejo en si mismo, es la relación de uno con él. Es decir, el problema no es tanto que las madres se hayan vuelto cada vez más devoradoras sino que el hijo ya no sabe como relacionarse con ella, como dialogar con esta fuerza sobrenatural.

El héroe trágico que es tragado por su destino, es un hijo antes de la relación de su madre con lo femenino y de su propia relación con este principio.

Jung ha escrito incluso demasiado acerca de la trinidad, pero creo que su intención era dejar la semilla de su más querido símbolo: la cuaternidad. La Tierra.

Él ya nos había dado la respuesta.
Hay que comprender el misterio del cuatro, la esfera, la totalidad.
Más que el falo, hay que aprender acerca del útero, valorar la pasividad y aprender la virtud alquímica de la paciencia. En otras palabras: redimir lo femenino.

De esa manera el héroe no tiene que morir tragado por el dragón, pero tampoco tiene que matarlo con la espada puesto que él es inmortal. Los Dragones no necesitan espadas, tampoco cruces cristianas. En las antiguas leyendas germanas el jinete del dragón lo dominaba solamente con la mirada. Eso tiene un sentido obvio: si el héroe no tiene armas, es porque lucha consigo mismo. Si no sangra el dragón es por que no quiere herirlo, sino cabalgarlo.


"Flying Off On The Dragon" - William Mitcheson Timlin (1923)


Es más, al comprender la dualidad de las serpientes voladoras, el héroe no se quedará tanto tiempo atrapado entre los aspectos escindidos de su ánima, entre su doncella sin mácula y su madre devoradora, reprimiendo y proyectando. Si cambia su relación con el principio femenino de la realidad, integrando su parte oscura, podrá incluso mirar lo fantástico y lo sobrenatural como algo simplemente real e interpretar las relaciones personales no como meras celdas sino como momentos mágicos de conexión con el otro, como posibilidades de encontrar amor y nutrición.

Será capaz incluso de comprender sus momentos de debilidad, sus eventuales desesperaciones y las nieblas que se acercan a la ventana como partes de la vida.

Ojala encuentre dentro de sí una hada de esas “psicopompas”, una figura interna que le cuente el secreto del dragón. Una anima positiva que haya sintetizado, en su “función trascendente” la doble cara del femenino que le revele una manera mágica de lidiar con el monstruo que esculpe furia y terror. Seguramente esto le será útil.

Obviamente no es una tarea sencilla hacer que uno, que se sobreidentifica con el puer aeternus baje de su cielo. Eso será para el como quitar su poder de volar. Pero hay maneras de aprender nuevos caminos. Jung sugirió el trabajo. También relacionarse, conocer el mundo del otro. Reitero que cambiar el punto de vista hacia lo femenino, reconociendo que su poder es natural e irracional, pero que no necesariamente mortal, seria de utilidad.


El hombre es la naturaleza, pero hay que nacer y diferenciarse de ella. Vivir este dualismo inminente es su destino, pero si la finalidad de esta autorregulación es la individuación. Diferenciarse de la Gran Madre no es matarla, sino comprenderla y plantar semillas en ella.

Mas allá del determinismo psíquico de Freud, expresado por la importancia que ha dado al mito de Edipo, hay un camino de elecciones. La libertad es la capacidad de hacer trayectorias significativas. Y en todas las odiseas que conducen hacia la individuación, el pequeño héroe tiene que, en algún momento, aprender a valorar lo femenino, dejar de ser un niño y descubrirse un hombre maduro.


Anita Inverarity


Um comentário:

Blogando com Arte disse...

Tudo o que eu queria.
bjs.
Grácia Maria